Dios se hace presente en tantos corazones y manos que levantaron a los heridos
Hace unos 2.300 años, el filósofo griego Epicuro, quien proclamaba que de nada sirve hacer filosofía si no puede ayudar a curar los males individuales y las dolencias sociales, recorría las calles de Atenas formulando a los ciudadanos un dilema que aún hoy sigue resonando. Epicuro decía:
Ante el mal que existe en el mundo, sólo hay dos posibles explicaciones: o Dios no puede evitarlo, o no quiere hacerlo. Si no puede, entonces no es todopoderoso y no nos sirve como Dios. Si no quiere, entonces es malo y tampoco nos conviene como Dios.







