Una relación por correspondencia
–Creo que no tendría que haber venido –dijo Coindre en tono compungido.
–Usted no puede faltar, es el jefe –respondió el Padre Chevallon, un joven sacerdote de rostro moreno y piel curtida que conocía muy bien a su amigo Coindre por haber sido camaradas en el seminario de San Ireneo de Lyon y entrar después, casi al mismo tiempo, en la sociedad de misioneros de la Cruz de Jesús, conocidos popularmente como los misioneros de la cartuja de Lyon. […]







