Reflexión
A veces, en el final del curso, no es el ruido del timbre lo que más pesa.
Es el eco de una conversación. O de dos.
Ayer viví dos escenas que no deberían caber en el mismo día.
Una familia vino a hablar del brillo de su hija. Es una niña que lo hace todo bien. Tan bien que hasta los cuadernos parecen respirar orden.







