Maestro de clase
El maestro de clase debe hacerse amar por sus alumnos, si quiere hacer el bien, si quiere que su obra sea duradera:
“La dulzura es también un medio poderosísimo para conducir a las almas a su deber y a Dios. Esta virtud amabilísima emana del Corazón mismo de nuestro Señor, que decía: ¡Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón!, virtud que Él practicó en el más alto grado”. (Máximas RJM).







