La Provincia de España, en el marco del Bicentenario del Instituto, ha encargado unos nuevos cuadros del Padre Andrés Coindre que ya publicamos y del Hermano Policarpo (que compartimos ahora).
El autor de ambos es el artista «Goyo», Gregorio Domínguez González, quien se ha especializado en este tipo de obras. El objetivo es ofrecer una imagen actualizada de las principales figuras de nuestro carisma, que reflejen su identidad al tiempo que sean compatibles con la sensibilidad estética del siglo XXI.
El Hermano Policarpo (Hipólito Gondre), 1801-1859, fue el tercer superior general del Instituto (de 1841 hasta su muerte), pero con la particularidad de ser el primer hermano que ocupó dicho cargo, ya que sus predecesores habían sido dos sacerdotes: Andrés Coindre (Fundador) y Francisco Vicente Coindre (hermano del primero).
Durante su gobierno se vivió «la época de oro del Instituto», ya que:
– Se superó una grave crisis anímica y espiritual.
– Se estabilizaron las finanzas.
– Se incrementó cuantiosamente el número de hermanos.
– Se redactaron las Reglas y otros documentos internos que definieron la identidad del Instituto.
– Se obtuvo el reconocimiento oficial del Instituto para brindar educación en toda Francia.
– Se abrieron más de 80 nuevas escuelas.
– Los primeros hermanos misioneros viajaron a Estados Unidos (Mobile, Alabama) para hacerse cargo de un orfanato.
Más allá de la evidente obra realizada por el Hno. Policarpo, lo que más resalta en él son sus virtudes y su fama de santidad. En 1984 el Papa Juan Pablo II lo declaró «venerable», paso anterior a la beatificación.
Recientemente se publicó el segundo librillo de preparación al Bicentenario del Instituto (1821-2021) centrado en su persona.
Es un ejemplo de Hermano Corazonista y de educador cristiano para todos nosotros. Y tras casi ya 200 años de presencia corazonista en 32 países, los hermanos de hoy también dejamos casa y tierra por seguir su aventura y codo a codo proseguimos tras las huellas de nuestros antepasados y comenzamos a caminar. Van pasando los años y, aunque aprieta el cansancio paso a paso, lágrima a lágrima, corazón a corazón avanzamos cada cual en la andadura sin mirar hacia atrás.







