Ayer entré en una casa sencilla
Ayer entré en una casa sencilla, en una calle que lleva el nombre de un profeta de la caridad: la calle del Padre Andrés Coindre. No entré como quien visita un edificio, sino como quien cruza un umbral sagrado. No había incienso ni cantos litúrgicos, pero el suelo ardía como la zarza de Moisés, porque allí Dios estaba pasando. […]







