II domingo de Pascua
Tomás todavía no había visto a Jesús resucitado y para creer exige tocar sus llagas. Ahora, Cristo se aparece entre los discípulos y le da a Tomás la posibilidad de tocarle en las manos y en el costado. Nosotros también pedimos señales y las recibimos en lo más íntimo del corazón, pero necesitamos aceptarlas, pues nos comprometen y despiertan un cambio o crecimiento espiritual. […]







