Los tres primeros candidatos
Guillaume, que después será el Hermano Javier, tuvo que pensar durante unos días la propuesta que le había hecho el Padre Coindre. Eso de ser religioso no era una cosa que se pudiera decidir a la ligera. Consagrarse en pobreza, castidad y obediencia suponía renunciar a la propia libertad para entregar a Dios la brújula de tu vida. A Guillaume, antes de marcharse de su casa en los Alpes, su padre solo le había dado dos consejos. El primero, que si quería ganar amigos, tenía que usar con cierta destreza dos armas ante las que todo el mundo cae rendido: la cortesía y el dinero. El segundo, que no prometiera nada que no fuera capaz de cumplir. Así que pensó cuidadosamente en los compromisos que asumía al hacerse religioso y, al cabo de unos días, en un descanso de sus obligaciones en el taller, se acercó al Padre Coindre: […]







